Los Haraldsson, desde su casa en Flasbjoerke, al norte de Suecia, seguramente nunca imaginaron que algún día iban a tener que estudiar español y seguramente tampoco que iban a encontrar un nuevo doble hobby, estudiar español y viajar.

Hace 5 años se mudaron a Alicante, la salud de Harriet fue un motivo más que suficiente para que no dudaran en tomar la decisión. Y así, pasaron de vivir en una casa baja, rodeada de bosque y campos de cereales, de ser granjeros y tener vacas a vivir en una planta 13 con vistas al mar y ser jubilados que aprenden a vivir en otro entorno cultural, social, político y económico completamente distinto al conocido y, por ende, empezaron a ser estudiantes de español.

Pero no a la fuerza, porque la verdad es que hay muchos extranjeros que viven en España, y en todos los países hispanos de Latinoamérica, sin apenas dominar unas cuantas palabras en español y viven muy bien, acaban por manejarse sin necesidad de hablar el idioma, aunque tal vez se pierden algunas cosas de gran belleza en esa experiencia de residir permanentemente en otro país.

Sin embargo, esta pareja de suecos quiso aprender nuestro idioma por muchas razones, entre otras, porque ambos son de naturaleza curiosa y viva y entienden que aprender español es una forma de retar a la mente, de mantenerla más activa y de prepararla mejor para encajar el resto de las piezas del puzle de esa nueva realidad, en la que ya estaban inmersos.

Empezaron estudiando en Ya hablas, Alicante, donde tuve la suerte de conocerlos, después asistieron durante varios meses, algunos días en semana, a clases de español en una escuela de  Torrevieja, que está ni más ni menos que a unos 60 kilómetros de Alicante.

Durante algunos meses no asistieron más a clases, pero practicaban siempre que podían, como por ejemplo con el portero del edificio para hablar de futbol y, sobre todo, no perdieron su objetivo de aprender español, sino que más bien, lo ampliaron, abrieron sus miras más allá y decidieron viajar a Costa Rica, donde yo estaba viviendo, para dar un par de semanas más de clases intensivas y practicar con hablantes de español de otro país. La experiencia fue tan inolvidable que a los pocos meses me estaban llamando para concretar un nuevo viaje a Costa Rica. Pero yo ya no iba a estar allí, así que en lugar de en Sámara, retomamos nuestras lecciones en Almagro y así, periódicamente, tengo la suerte de tenerlos en mis clases de español.

Harriet y Håkan son un ejemplo de cómo tomarse la vida y sacarle provecho a las circunstancias y, además, son auténticos estudiantes En Ruta.

Gracias amigos.

 

 

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