Todo empieza con un sueño, y yo he soñado con España mucho tiempo, pero por fin se cumplió y recién acabo de pasar 3 inolvidables meses en el país de mis sueños, seguramente el de otros muchos también.

Conocí a María hace varios años, en Playa Sámara, Costa Rica, ambas trabajábamos en la escuela de español para extranjeros Intercultura. Nunca pensé que iba a vivir casi 8 años en la playa a la que fui solamente para pasar un par de semanas  de vacaciones y , de paso, estudiar un poco de español. La vida en Sámara me cambió totalmente como persona y además me hizo crecer y aprender mucho sobre mí misma. Aprendí a apreciar lo que tenía y a gozar de todo lo que la vida me ofrecía. Me adapté a la vida en el calor tropical sin tregua, a la cultura de los ticos y a desenvolverme casi por completo en otro idioma, en español.

Mi primer idioma es francés y además me dedico a enseñarlo como segundo idioma, últimamente y especialmente a la comunidad china de Montreal. Antes de mi experiencia en Sámara estuve viviendo en Vancouver, donde se habla solo inglés, y en este tiempo pude perfeccionar mi nivel de inglés. Además, solo pensaba quedarme en este lugar con playa solo unos meses… y me quedé 4 años…. Hasta que me fui a Sámara…

La cosa es que desde que volví a mi país, hace ya 5 años, no tengo tantas oportunidades de practicar español. Y, no solo eso, es que además me estaba empezando a hacer falta estar envuelta en una realidad que habla otro idioma al mío propio, otra cultura y otras costumbres. Así que sabiendo que con un viaje uno siempre puede crecer y aprender muchas cosas nuevas, este año tuve una idea medio loca y decidí irme a España. Y además, una noche soñé con un pueblito mágico y encantador y con una amiga, y la cosa estaba clara: me iba a Almagro, aunque esta vez esperaba estar solo tres meses, de verdad.

Además del resplandeciente sol, la cerveza, los pinchos, las aceitunas, el queso manchego, el vino y las tardías horas en las que los españoles socializan en una mesa llena de comida ( que importa que sean las 11 de la noche, es la cena! Y ellos cenan!!) España está llena de delicias culturales, de paisajes sorprendentes y de costumbres auténticas. Si además, te integras en la vida rutinaria de un pueblo de menos de 9000 habitantes, en mitad de la planicie Manchega, como es Almagro, la experiencia es inigualable y también económica.

Desde Montreal recuerdo con nostalgia que, por tres meses, he vivido en un apartamento (o piso como dicen aquí), arriba de la Escuela de Baile Raúl, y, como una almagreña más, trabajaba, compraba en el Mercadona y saludaba a los lugareños que me devolvían el saludo extrañados… me sentía como española, si no fuera porque me asombraba a cada rato.

Una de las cosas que más me llamó la atención fueron las peculiares formas que tienen las canales del agua en los tejados, como gárgolas, en todas y cada una de las casas, y el contraste de éstas con la cortina que cubre la mayoría de las puertas (para evitar que el sol se las coma en verano, dicen los almagreños).

Sentarse en la Plaza Mayor, edificada en el siglo XIII, a tomar una caña cualquier día de los que el sol luce, que son casi todos, es un acto casi cultural. Por todo Almagro hay repartidas un buen número de Iglesias, portadas de antiguos palacios, un Corral de Comedias del siglo XVI, numerosos teatros y museos. Almagro es un lugar donde la historia se puede leer en las calles y edificios.

Nada más salir de mi apartamento me topaba con el campo, un extenso y tranquilizante horizonte sin fin de viñedos y olivares que se extienden hasta que se pierde la vista. El terreno es llano y bastante bajo. La tierra es roja. Aprendí que la palabra árabe “al-magra” significa “la arcilla roja” y ella está presente en el colorido de la Plaza Mayor y otros edificios del municipio. La naturaleza está presente. Almagro es tranquilo y sano. El aire es puro.

De allí, por supuesto aproveche para conocer un poco más de mi nuevo amor: España. Gracias a la excelente localización de Almagro, es muy fácil viajar a cualquier parte. Madrid está tan solo a una hora, en un tren de alta velocidad.

Madrid… ! Que ciudad mas encantadora!

Entre la Puerta del Sol, la Plaza Mayor, la Catedral de la Almudena o el Palacio Real... tantos edificios bellos que relatan la historia de esa capital, la ciudad más poblada del país. En la Plaza España, tuve la gran oportunidad de ver mi primer espectáculo de Flamenco. Y me encantó. Nunca me había realmente gustado antes, ahora sé que es porque nunca había visto un show de verdad. Una sala pequeña, un guitarrista, un cantante, un bailarín y dos bailarinas. Increíble. Se me puso la piel de gallina.

También, tuve la oportunidad ir a Andalucía y visitar la Mezquita-Catedral de Córdoba, que fue para mí una de las cosas más impresionantes que he visto en mi vida. En una sola hora en tren, conocí un lugar totalmente diferente y con una cultura rica y sorprendente. Saboreé vinos, salmorejo (tipo de gazpacho), berenjenas con miel de caña, flamenquines… con música en vivo de Jazz, Flamenco… hay tanto que comer, ver y descubrir.

Y con un tiquete a precio módico, tomé un avión e hice un circuito asombroso: Madrid-Paris- Barcelona! Y todo fue de maravilla! En una misma semana, vi el Arco de Triunfo de Paris y de Barcelona. La Torre Eiffel. La Sagrada Familia. Demasiadas cosas para enumerar. Me encontré con culturas muy diferentes a la vez que tan cercanas. Y como era invierno, no había tanto turismo en esas ciudades tan populares y así pude visitarlo todo con calma.

Pero que felicidad, después de tiempo afuera, volver a mi hogar español, Almagro.

Me siento bien. Camino en las calles, en el campo, de día, de noche. Respiro. Me relajo. Viviendo mi sueño.

Este artículo ha sido escrito por Lucie Angers. Lucie es profesora de francés en Canadá, viajera y luchadora, soñadora y portadora de buenas vibras. Gracias por este bello artículo.

 

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